Desde siempre yo guardo mucho: cartas, regalos, papelitos pasados en clases, recuerdos, cosas robadas, las cosas que uno recuerda y luego suspira, las cosas que uno suspira antes de obligarse a recordar, diarios (desde los que sólo escribí tres días hasta en los que fui persistente), agendas (que nunca aprendí a usar), los sustitutos de mis agendas (que me funcionaban más), los dibujos en tiempos de aburrimiento, evidencias de querer y ser querida, recortes de cosas que me gustaban, fragmentos de periódico, los (no) poemas que intentaba escribir, muchos etcéteras. A veces guardaba cartas para mi "yo del futuro". Tengo varios de mis tesoros de niña (que nadie daría nada por ellos ni por que son viejos y ya no se encuentran). Tengo evidencias de haber tenido de esas etapas en la vida que uno no quisiera recordar, no porque duelan, sino por pena. Guardo cosas que uno siente poético guardar. Guardo cosas que uno se siente obligado a guardar. Guardo cosas que uno piensa enseñar a futuras generaciones. Guardo cosas que no quisiera enseñar a futuras generaciones. Y hay muchas cosas que quise haber guardado y no guardé.
Esta semana exploré un poco. Y como introducción de mis descubrimientos dejo esto:
| La primera rosa que recibí en la vida. (Primera semana de Agosto de 2007) |
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