domingo, 20 de marzo de 2011

Oración que ayuda a bien condenarse a un tirano (Álvaro Menen Desleal)

Señor,

Cuando se muera —porque, como el tiranosaurio, por grande y por feroz que sea,

por agrio y bien armado que esté, ha de morir, y será entonces como un pequeño

volcán de huesos sobre el que los otros animales del bosque se orinen

impunemente—

Cuando se muera,

Señor,

No te acobardes como se acobardó tu iglesia, que puso sus blancos odres

Para llenar sus odres esperanzada en robar sus odres;

No te acobardes,

Señor,

Y no te niegues:

Tú mismo abre la puerta

—no mandes una virgen, ningún ángel

Te cumpla ese mandato—;

Abre tú mismo y lo verás:

Un alma enjuta, un alma miserable que moró como gusano y que gusano

Es y será, que se arrastró de milagro pata tocar a Tu puerta,

Para llegar hasta ella con el juego de siempre.

Abre tú mismo y mira que a ti llega no con el gesto insumiso de aquel

Que allá en la tierra, en su país, pareció hacer temblar tus firmes

Montes, tus sólidas montanas;

Abre tú mismo y mira que ya no tiene más la sombra que mataba tu hierba

En los jardines de Brasilia, de Managua, de Asunción,

De La Paz, de Madrid, de Lisboa;

De Buenos Aires, Por -au- Prince y Guatemala; de Santo domingo,

Bogotá y Caracas,

De Lima y San Salvador;

De casi toda tu tierra, en fin, porque el reino de la maldad

Nunca se pone al sol;

Abre y mira como pretende engañarte fingiéndose el más humilde

/de tus hijos.

Con un rasgo de humor, aprecia su arte.

Mira cómo maneja sus cartas credenciales

Álvaro Menén Desleal Poemas 5

Y estudia su baraja compuesta sólo de ases,

Su juego organizado para nunca perder.

Cuando te hable para pedirte acceso a los serenos claustros celestiales,

No usará el vozarrón con que ordenó a sus guardias el exilio

Y la muerte de tus mejores ángeles.

Quizás ni te hable, y sólo baje humildemente la vista.

¡Tú reconócelo, Señor, porque es el mismo,

El uno y mismo!

¡Sé implacable, Señor: no te conmuevan las misas que por encargo

De los embajadores dijeran, previo pago, algunos curas!

¡No lo perdones! ¡Dale una celestial patada en el trasero y envíalo

A su sitio, a los antros que

Le son merecedores!

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo;

En el de los poetas clavados en sus huesos;

En el de las viudas que muerden sus almohadas

Y en el de todos los muertos levantando sus puños,

Gracias te doy, Señor.

Amén.