LALO.-Vuestra Natacha..., de la cual estáis todos vagamente enamorados. ¿Verdad? (RIVERA baja la cabeza). ¿Verdad? (Baja la cabeza AGUILAR).
RIVERA.-¿Y tú, no?
LALO.-(Con el mismo gesto). Yo también.
RIVERA.-Ah, eso no lo habías confesado nunca.
LALO.-Esperaba que alguno de vosotros se decidiera. Pero en vista de que ninguno se lanza, y antes de que se nos vaya, yo cumpliré mi deber.
RIVERA.-¿Qué quieres decir? ¿Es que piensas hablarle?
LALO.-Esta misma tarde.
RIVERA.-Pues no te auguro el menor éxito. Natacha es demasiado seria, entregada a su trabajo. No creo que le divierta pensar en otra cosa.
LALO.-No importa. En amor, como en todo, ¡es tan hermoso fracasar!
AGUILAR:-Ah, siendo así...
LALO.-El fracaso templa el ánimo; es un magnífico manantial de optimismo. Todo hombre inteligente debiera procurarse por lo menos un fracaso al mes.
RIVERA.-Pues no creo que sea demasiado difícil.
LALO.-Para los tontos, no; pero ésos no cuentan. Tan bello como es el papel de víctima, cuando se sabe llevar. El herido, el desterrado, el amante sin esperanza... ¿Que emprendes un viaje a Palestina? Conseguir que el barco naufrague en las Baleares. ¿Que le pides relaciones a una compañera? Conseguir que te diga que no... ¡Y dices tú que no es difícil!
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