jueves, 29 de marzo de 2012

Timemaster

Mi reloj se ha autonombrado Maestro del Tiempo.

lunes, 5 de marzo de 2012

A divinis

De niña no soñé con ser mamá, ni soñé con casarme. Se casaban mis muñecas, ellas tenían sus hijos; pero nunca yo. Yo quería ser poeta. Quería ser misionera. Vivir en la India, o ir  a México y vivir entre zapotecas. Yo quería huir dramáticamente de casa. Quería pintar. Soñaba con volar muchas avionetas. Yo quería ser una artista en la calle. Yo quería viajar por todo el mundo. Quería vivir románticamente. Quería conquistar el mundo. Quería ser parte de esas cosas que siempre deben de tener respuestas, algunas como perdidas, pero existentes, flotando interminablemente. Hoy ni eso, porque para cuando responda ya no estaré.

martes, 18 de octubre de 2011

Currículum (Mario Benedetti)

El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente

usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica

usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío

entonces
usted muere.

sábado, 15 de octubre de 2011

Detengo el tiempo cuando recuerdo que respirás.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Ahora, que tengo el tiempo que no tengo, te estoy esperando y me inicio en inventarte. Reúno los pedacitos de ti que extravié entre pensamiento y pensamiento; y, a partir de ellos, nos construyo un encuentro no-espontáneo con mi voluntad de Schopenhauer. Aparecé. Vamos a fingir otra vez que los lugares públicos son nuestros, que el mundo nos pertenece, que podemos cambiar los rumbos, que controlamos nuestras existencias. Quedate donde sea que estés escondiéndote del juicio final, suspirando mi espíritu, llamame con los ojos abiertos y los labios cerrados. Así somos dos, vos y yo, otro par de dementes en el universo que se esperan sin buscarse.

martes, 9 de agosto de 2011

Defensa de la alegría (Mario Benedetti)

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
 de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
         y también de la alegría

viernes, 22 de julio de 2011

La mujer (Ana María Shua)

Un hombre sueña que ama a una mujer. La mujer huye. El hombre envía en su persecución los perros de su deseo. La mujer cruza un puente sobre un río, atraviesa un muro, se eleva sobre una montaña. Los perros atraviesan el río a nado, saltan el muro y al pie de la montaña se detienen jadeando. El hombre sabe, en su sueño, que jamás en su sueño podrá alcanzarla. Cuando despierta, la mujer está a su lado y el hombre descubre, decepcionado, que ya es suya.

lunes, 18 de julio de 2011

Inasequible al desaliento

Mi verdad no corresponde al espacio ni al tiempo,
ni a la propia razón con mi razón entiendo,
ni te llama desarmado mi insistente pensamiento,
ni el desvelo te desmiente la ocasión del desentierro
de la muerte lenta del grave sentimiento
que dejé vagar a voluntad por los desiertos
de la incierta salvedad de tus ojos abiertos
y tus manos entrelazadas a mis cauterizados dedos,
entregándose a la oscuridad y al injerto eterno
de tu alma en mi permanente corazón abierto.